Una nevera portátil es una gran ayuda en la playa, en el campo o en un viaje largo, pero fuera de temporada se convierte en un objeto incómodo. Ocupa mucho espacio, se llena de polvo y, si se guarda mal, puede oler a cerrado. Los acumuladores de frío, por su parte, terminan perdidos en el fondo del congelador. Con unos pocos hábitos, todo estará listo cuando llegue la próxima excursión.
Limpiar y secar bien
Antes de guardar la nevera, lávala por dentro y por fuera con agua y un poco de jabón suave. Aclárala bien y déjala abierta al aire hasta que esté totalmente seca. Si quedan restos de humedad, pueden aparecer malos olores o moho. Seca también la tapa y las juntas, y revisa que las asas y los cierres funcionen bien.
Dejarla ligeramente abierta
Cuando la guardes, deja la tapa un poco abierta o coloca un paño doblado entre la tapa y el cuerpo. Así el aire circula y la nevera no huele a cerrado cuando la vuelvas a usar. ## Un sitio fijo y accesible
Elige un lugar donde no estorbe, como la parte alta de un armario, el trastero o un rincón del garaje. Que no esté al sol ni cerca de una fuente de calor. Si vives en un piso pequeño, una bolsa isotérmica plegable ocupa mucho menos que una nevera rígida y es suficiente para muchas salidas. Colócala en un cajón plano o detrás de la puerta.
Los acumuladores de frío
Los acumuladores se guardan en el congelador, en un cajón o una cesta propia, para que no se pierdan entre otros alimentos. Ponles una etiqueta o un color para reconocerlos rápidamente. Tenerlos siempre en el mismo sitio permite sacarlos con antelación y evita las prisas de última hora. Comprueba de vez en cuando que ninguno esté roto o tenga fugas.
Una lista para la salida
Guarda en la propia nevera una lista con lo que suele hacer falta: bolsas, servilletas, cubiertos, una tabla pequeña, un cuchillo. Así la próxima excursión empieza con todo a mano y con la sensación de que las cosas están en su lugar.